EL ENIGMA DEL KA DIVINO, EN BUSCA DE LA INMORTALIDAD DE LOS FARAONES

En el antiguo Egipto, los faraones estaban formados, como cualquier ser humano, por dos elementos: el cuerpo perecedero y el alma inmortal. Podía conservarse el cuerpo por medio de ciertas prácticas conocidas por los sacerdotes. El alma inmortal constaba, a su vez, de tres principios bien definidos: el ka, o en parte de la omnisciencia divina que caracterizaba al faraón, el ba, o alma inmortal, y el akh, poderoso emisor y receptor de las ondas espirituales que ban unidas a la vida de todo ser humano. Se ha sugerido que, de la combinación de estos tres principios, o ka-ba-ak, derivaría el nombre de cábala, o ciencia de la comunicación con el más allá, supuestamente inventada por los judíos.

Cuando moría un faraón, los sacerdotes debían mantener sus cuerpo en condiciones especiales, para permitir a su akh seguir en contacto con el alma hasta el momento de abordar ésta la barca solar que la conduciría al paraíso Amenti. Y para que resultara la operación, era preciso mantener el ka divino unido a la tierra. Esto se lograba haciéndolo pasar al cuerpo del nuevo faraón, que no tardaría en suceder en el trono al difunto. Al llegar a su fin la operación, los sacerdotes podían proceder a embalsamar el cuerpo del difunto y depositarlo en una cámara secreta.

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De acuerdo con Flinders Petrie, la transferencia del ka divino se realizaba a través de los mal llamados canales de ventilación abiertos en las dos cámaras. Para ello, fue colocado el cuerpo del difunto Keops en la Cámara de la Reina, así como una estatua esculpida a su imagen fue adosada al muro. Flinders dio el nombre de serdab a esta cámara inferior, que venía a ser recinto sagrado destinado a contener el doble del faraón. La función de la estatua era suplir al faraón si el cuerpo de éste sufría algún accidente en el curso del complejo ritual de la ceremonia mística.

 

Mientras tanto, el sucesor de Keops pasaba por una serie de pruebas iniciáticas, terminadas la cuales era drogado y conducido inconsciente a la Cámara del Rey. Su cuerpo era colocado en el cofre de granito, tal vez cubierto con una tapa para protegerlo de las asechanzas de los espíritus malévolos, y quedaba listo para que pudiera realizarse la transferencia del ka divino, del faraón muerto a su hermano Kefrén, quien lo sucedería. Para que pudiera celebrarse el segundo nacimiento de éste, de esencia simbólica, el ka de Keops debía trasladarse de la Cámara de la Reina a la del Rey, que se encontraba unos metros más arriba. Pero este viaje astral no se realizaba a través de las piedras, sino por los canales de ventilación. Con justa razón, Flinders Petrie declaró que eran canales psíquicos.

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Tres días más tarde, despertaba Kefrén de su largo sueño, en posesión ya del ka de su antecesor. El espíritu de Keops se había alojado en el cuerpo del nuevo faraón. La operación mística había terminado. Sólo entonces, al despertar el que se suponía era la reencarnación del soberano difunto, daba comienzo la ceremonia de coronación del nuevo faraón.

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La Cámara del Rey, donde había permanecido inconsciente el que sería nuevo soberano, quedaba convertida en recinto sagrado y su acceso era prohibido a los seres mortales. Quedaba clausurada la puerta, así como eran cerrados los canales que sirvieron para realizar la transferencia del ka divino. En cuanto al faraón difunto, los sacerdotes iniciaban al instante las operaciones de conservación de su cuerpo, para conducirlo más tarde a la que sería su morada definitiva, en un lugar supersecreto.

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