EL ORIGEN MISTERIOSO DE TOTH.

Explican los antiguos textos egipcios que Khaunas, hijo del gran Ramsés II, tuvo ocasión de conocer, en el siglo XIII a.C., una obra fascinante cuyo título se ha perdido. Había sido escrita, al parecer, por un personaje legendario, acerca de cuya existencia poco se sabía entonces y sigue sin conocerse gran cosa en nuestros días.

Contenía el libro terribles secretos que el faraón Khaunas consideró tan peligrosos que juzgó necesario que no cayeran en manos del pueblo ignorante: concedía poderes sobre las cosas de la tierra, del cielo y del mar y se aprendía a través del texto, a dar órdenes a las personas, por muy lejos que éstas se encontrasen. Facilitaba consejos para mirar al Sol de cara a cara y para comprender el lenguaje que utilizan los animales. Y revelaba el secreto para resucitar a aquellas personas que habían fallecido.

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¿Se trataba de un libro de magia, razón por la cual el faraón ordenó tirarlo a las llamas? ¿Era, por el contrario, un admirable tratado científico que Khaunas no fue capaz de comprender y, al igual que ha sucedido cada vez que un ignorante ha encontrado algo superior a su entendimiento, le resultó más sencillo acabar con él? ¿Existió en realidad aquella obra maldita, o a algún cronista egipcio de la época se le ocurrió inventar el episodio?

En apoyo de la certeza de que el libro mágico pudo haber existido está el hallazgo, realizado en 1828, de una estela de piedra del siglo IV a.C., que contenía unas inscripciones mencionando las características del texto y el nombre de su autor: el divino Toth, a quien los egipcios representaron con cabeza del sapientísimo ibis, el ave sagrada del Nilo. ¿Y quién fue este personaje?

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Llegó Toth  de un país situado más allá de donde se oculta el Sol, es decir del oeste, como habían hecho otros dioses de la mitología egipcia. Se les consideró divinos porque eran seres superiores, por su saber. Era lo que suele suceder en los pueblos primitivos cuando tienen la oportunidad de conocer a alguien que sabe más que ellos. Su nombre recuerda, curiosamente, al God inglés y al Goot germano, así como un dios escandinavo tuvo ese mismo nombre. ¿Se trata de una coincidencia sin importancia? Algunos autores afirman que Toth deriva de Tehuitli, originario de la Atlántida, llegado a Egipto en ocasión de hundirse el continente oceánico, como uno más de los muchos sobrevivientes del cataclismo. ¿Cuál fue el país de origen de Toth, de quien los egipcios se expresaban con tanta admiración?

¿Llegó acaso de la otra orilla del océano Atlántico? ¿De la legendaria Hiperbórea, situada cerca de la actual Islandia, donde se decía que nació Latona, madre de Apolo y rubia ella también? ¿Del cercano Sahara, cuando era aún un vergel? ¿De un planeta lejano, según es opinión de quienes investigan el fenómeno OVNI cada vez que tratan de definir a un talento fuera de lo común?

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Cuando Toth explicaba a sus alumnos la forma de mirar al Sol de frente, sin pestañear, ¿se refería a no temer a la verdad, o quería mencionar un instrumento provisto de lentes que sirviera para observar el firmamento y conocer así, por anticipado, la fecha en que sucederían los eclipses y los cataclismos? ¿Fue su libro un simple tratado de medicina, psicología y alquimia, el primero jamás dado a conocer en la Tierra?

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Tal era la opinión de los griegos, que se adueñaron de la figura de este Toth, como harían con la de Imhotep, para convertirlo en Hermes Trismegisto, tres veces grande, fundador de la alquimia y del esoterismo filosófico.

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