UN CURIOSO RELOJ ASTRONÓMICO

El solsticio señala el momento en que la jornada solar alcanza su máxima o su mínima duración, y coincide con el inicio del verano o del invierno. El equinoccio, que corresponde al momento en que el día y la noche tienen igual duración, señala el inicio de la primavera y del otoño. En especial del equinoccio de la primavera era importante en la antigüedad, porque significaba el fin del invierno, el renacimiento del buen tiempo, el momento de dar comienzo a las labores del campo. Era celebrado con fiestas en honor del toro, o del buey Apis. La Gran Pirámide fue construida con fines religiosos y astronómicos, pero también para informar sobre los equinoccios y los solsticios. Es decir, un reloj astronómico, como lo serían el templo de Kukulkán en Chichén Itzá, el templo druida de Stonehenge en Inglaterra, las líneas de Nazca y tantas obras del pasado más remoto.

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Hace ya un buen puñado de años, el francés André Pochan descubrió que las caras norte y sur de la Gran Pirámide no son perfectamente planas, sino ligeramente cóncavas. Cada una de estas caras está formada por un par de triángulos rectángulos que tienen entre sí una desviación de 27′, lo que se traduce en una concavidad de 92 centímetros. Gracias a esta curiosa anomalía, perfectamente bien calculada por los artífices del monumento, el Sol que asoma por oriente ilumina primero a mitad oeste de la cara sur. Una fracción de segundo después cubre de luz la mitad este. Al ocultarse el Sol sucede el mismo fenómeno en la cara norte, iluminándose primero la mitad del este. El destello tiene lugar en el equinoccio y en el solsticio y fue muy claramente apreciado en la antigüedad, cuando las cuatro caras de la Gran Pirámide poseían aún su recubrimiento.

Como complemento de esta característica, que hacía el monumento un perfecto reloj astronómico, estaba la sombra que proyectaba la punta sobre la explanada que se extendía a sus pies, frente a la cara norte. Herodoto contaba que tuvo ocasión de contemplarla e incluso citó sus medidas. La sombra era proyectada por una bola dispuesta ane lo alto de un pequeño obelisco situado en la plataforma superior, y des deslizaba por un cuadrante, a manera de rejoj de sol.

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El obelisco con su esfera fueron mencionados por diversos cronistas de la antigüedad. Uno de ellos fue Marco Manilio, un romano que visitó Egipto y escuchó de labios de los sacerdotes la historia de la esfera. Muchos años después, en los tiempos del califato de Egipto, el poeta Abu Yakub Mohamed ben Ishaq el Madin explicaba que en lo alto de la Gran Pirámide hubo antaño una enorme esfera. Añadió que había además un hermoso mausoleo con dos estatuas: eran un hombre sosteniendo una tabla de piedra con extraños caracteres y una mujer con un espejo de oro en la diestra. Entre las dos estatuas se abría un pasaje que conducía al centro de la pirámide.

¿Inventaron estos y otros cronistas lo del templo provisto de una esfera y tantas otras cosas de la Gran Pirámide? ¿Podemos creer que si tantas veces se relataron tan curiosas características fue porque existieron en realidad, aunque los cronistas las deformaran?

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