El “Río en Llamas” oculto en la selva amazónica

Una vieja leyenda

Desde tiempos olvidados por nuestra civilización corrían relatos en vastas regiones de América sobre una selva verde, gigantesca como pocas, que ocultaba en su interior los incontables secretos del mundo. En ella se erigían gigantescas montañas y se ocultaban vastas cavernas, hogar de seres aún hoy desconocidos. En ella, sociedades perdidas habitaban bajo la eterna sombra del verde, invisibles a los ojos de cualquiera que no conozca sus secretos.

Andrés Ruzo, hijo de madre nicaragüense y padre peruano, creció con estas leyendas. Atahualpa, los chamanes y guerreros de la selva y las serpientes gigantes, capaces de devorar al más fuerte de los hombres, lo acompañaron a lo largo de toda su infancia de la mano de los relatos que su abuelo le contaba sobre la conquista española. Pero entre todos ellos, hubo uno que jamás olvidó: el río ardiente, perpetuamente hirviendo, que causaba la muerte de quienes en él caían.

Fue en parte este relato el que lo motivó a estudiar geología, así fuera tan sólo para comprender si un fenómeno de este calibre era viable o, cuanto menos, posible. Sin embargo,sus colegas siempre le dijeron que se trataba de un imposible.

Por esta razón Andrés decidió visitar las selvas del Amazonas con la compañía de su tía que, le aseguraba, se había bañado allí en una ocasión. Y no sólo eso, sino que conocía el lugar y era amiga de la esposa del Chamán que lo custodiaba.  Lleno de escepticismo, Andrés emprendió el viaje a la inconmensurable selva y se encontró, de frente, con el vapor del río burbujeante. Se trataba de un hallazgo único.

2. El río hirviente del Amazonas

El llamado “Río hervido con el calor del sol” – Shanay-timpishka en idioma nativo – permanece en este estado por poco más de 6 kilómetros y hasta unos 5 metros de profundidad. De acuerdo con los análisis hechos por Andrés, se trataría de un fenómeno bastante peculiar que se debe a que las aguas, provenientes de los andes peruanos, se sumergen a grandes profundidades donde son calentadas por el magma de la corteza terrestre antes de volver a salir.

El agua se calienta hasta unos 86 °C, una temperatura que causa la muerte de cualquier animal que caiga en él. Andrés, afirma, ha sido testigo de varios sucesos de este tipo: los animales caen y de inmediato comienzan a sentir el ardor que quema primero sus ojos. Ciegos, intentan nadar a la orilla mientras su carne se cocina rápidamente y a medida que pierden fuerzas abren la boca y se cocinan por dentro. Es una muerte cruel y no tan rápida como debería ser.

Pero el río es único. Sagrado para los indígenas, actualmente se encuentra amenazado por la deforestación y la colonización de las tierras cercanas, por lo que Andrés, más que estudiar su geología, se ha dedicado de lleno a la conservación del lugar. Al presente, se ha creado el portal www.riohirviente.org y publicado un libro en el que espera generar conciencia sobre la importancia del lugar y evitar que se destine a usos agrícolas que podrían acabar con un secreto único, perdido por siglos, de la Gran Selva del Amazonas.

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