¿Conoces la Leyenda del “Pueblo Maldito” en Honduras?

Todo comenzó en la cantina del pueblo que siempre estaba llena de hombres borrachos, donde también acostumbraba jugar sus partidas de naipes la esposa del Alcalde.

Ese día, el oponente de la dama era un humilde vendedor de “bulas” como se les llamaba a los permisos que la iglesia extendia para poder comer carne los dias prohibidos, quién acostumbraba apostar en los juegos de azar después de terminar su jornada de trabajo.

Mientras se desarrollaba la emocionante partida ambos jugadores eran observados y alentados por los asistentes hasta que con un grito de júbilo la mujer cantó victoria entre la admiración y los aplausos de los presentes.

Cegado por la cólera, y acusando a la mujer de haber hecho trampa, el bulero en un movimiento brusco e impulsivo le dió un gran bofetada a la Alcaldesa, la que del fuerte golpe cayó al piso llorando. En ese momento la furia del hombre se convirtió en susto, al escuchar que todos estaban enojados por haberse atrevido a golpear a la mujer del Alcalde.

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El bulero, al ver la reacción de los hombres, que furiosamente querían cobrarle la falta de respeto cometida, corrió desesperadamente en busca de refugio.

Llegó corriendo a la iglesia La Merced, pensando que sería un buen lugar para esconderse, pero era seguido de cerca por la enardecida muchedumbre que no le permitió cerrar los portones. El asustado hombre entró a la iglesia y se escondió en el altar mayor, debajo de un largo mantel que cubría una de las mesas con objetos religiosos.

Al ver lo que estaba sucediendo, Los Frailes del convento quisieron impedir el ingreso de las personas a la iglesia para evitar que lo profanaran y ofrecieron entregar ellos mismos al hombre, pero los furiosos aldeanos no aceptaron su propuesta y entraron al templo armados de piedras y palos arremetiendo contra todo lo que encontraban a su paso.

En su afán de capturar al bulero le lanzaban piedras y una de ellas impactó fuertemente en la frente de la Virgen de Mercedes y le hizo una hendidura en su rostro, pero esto no los detuvo, capturaron al bulero, lo sacaron a patadas del templo, lo llevaron hasta La Plaza Mayor del pueblo, que quedaba a unos cien metros de alli y lo decapitaron, luego tomaron la cabeza y la frieron en una olla de aceite caliente.

Horrorizados por el dantesco hecho e indignados por el sacrilegio cometido al templo Los Frailes Mercedarios lanzaron una Maldición sobre el pueblo hasta su quinta generación y partieron rumbo a Guatemala sacudiéndose la sotana y las sandalias para no llevárse ni el polvo de aquella tierra maldita.

Desde que los Frailes se fueron, el pueblo fue estremecido por varios terremotos y movimientos sísmicos que derribaron casi por completo muchas viviendas y la iglesia La Merced. Los pobladores también padecieron de terribles enfermedades comunes y pestes desconocidas que mataron a muchos y otros huyeron intentando salvarse.

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Poco tiempo después llegó a la ciudad de Comayagua un grupo de Sacerdotes Misioneros que conocieron la triste historia del sacrilegio que los pobladores habían cometido en la iglesia La Merced. De Gracias se envió una comisión para solicitar a los Sacerdotes que entraran al pueblo y ellos accedieron a la petición.

Uno de los misioneros que llegó al pueblo era el Sacerdote Manuel de Jesús Subirana, quien conmovido por lo sucedido liberó al pueblo de la maldición, pero a cambio los pobladores debían cumplir una condición; debían exhumar los cadáveres de las personas muertas después del horrendo acontecimiento y quemarlos en hogueras.

Los pobladores hicieron las cosas asi como se las pidió el Sacerdote, hicieron las hogueras y quemaron todos cadáveres.

No podemos asegurar si los acontecimientos nefastos que sucedieron en Gracias después de la maldición de Los Frailes fueron producto de ello o fue algo natural. Sin embargo, a pesar que actualmente Gracias es un pueblo próspero que mueve la economía del departamento de Lempira, sigue siendo uno de los Municipios con los indices de desarrollo humano más bajo de Honduras. Por tal razón los ancianos del pueblo todavía se preguntan si realmente el Padre Subirana los libero de la Maldición o ésta aún continúa.

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