¿Si estuvieras en Alemania te gustaría encontrarte con “Las Señoritas Caníbales”?

Esta leyenda urbana fue muy común en algunas ciudades de Alemania al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Sabido es que después de Mayo de 1945 y tras más de un lustro de guerra, Alemania había quedado devastada y en lugar de sus bellas ciudades ahora se podían ver espantosas ruinas producto de un régimen criminal que había sometido al país durante más de una década y había provocado la invasión de poderosas potencias. Así las cosas, la población sufría incesantemente la falta de los medios de vida más elementales, amén de tener que vivir en medio de los restos de lo que había sido una gran urbe, en el caso de Berlín. Miles de personas se hallaban sin hogar, sin cobijo y sin comida, y la situación no mejoraría en el futuro inmediato. Es aquí donde hace su aparición nuestro misterioso personaje.

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No se trata de una leyenda muy conocida, pero los memoriosos sobrevivientes, que eran niños en aquella época, recuerdan que sus padres o parientes solían amenazarlos para que no se internaran en el peligro de las calles repletas de bombas y construcciones derruidas con la advertencia de que podían toparse con un cazador de niños.

El relato remite al ominoso cuco o coco, también llamado el hombre del saco o el hombre de la bolsa, pero en esta oportunidad toma un aura aún más siniestra: dada la falta de alimentos y víveres, en especial proteínas, corría el rumor de que una persona o grupos de personas recorrían la ciudad a la caza de niños incautos a los que capturar y matar, para luego cocinar y vender su carne en las calles a un alto precio. De hecho, los historiadores sí hablan de personas que comerciaban con alimentos de dudosa procedencia, aduciendo que se trataba de carne de caballo o de cerdo, pero en general los compradores se abstenían de hacer preguntas, acuciados por el hambre y la escasez.

Ciertos relatos hablan de la existencia de trampas para niños, construidas en las casas a medio caer producto de los bombardeos y la avanzada de los ejércitos. Los chiquillos se metían en ellas para jugar y de pronto el piso cedía y quedaban atrapados en algún sótano, a merced de cualquier voluntad maligna. Sorprendentemente, la mayoría de los casos en los que se hace referencia al canibalismo en Alemania luego de la Segunda Guerra Mundial, las acusadas de perpetrarlo son en su mayoría mujeres y ancianos, en parte debido a la razón de que un niño entra naturalmente en mayor confianza con una mujer o un viejecito de aspecto apacible. Hasta existe (o existía) un apodo para estas terribles señoras: Fräulein Kannibal, la señorita caníbal. Sin duda que debieron de haber existido exageraciones, pero el rumor acerca de estos asesinatos por hambre y por ambición sonó fuertemente durante al menos los tres años inmediatamente posteriores a la guerra.

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Las autoridades de ocupación estadunidenses iniciaron una investigación al respecto luego de recibir varias denuncias, pero no llegaron a obtener ninguna respuesta concluyente. Para no enturbiar las relaciones entre la naciente Alemania occidental y las potencias aliadas, las denuncias se archivaron prontamente, no sin haber dejado un halo de misterio en el derruido Berlín de la segunda posguerra.

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