EL MISTERIO DE LOS “EXTRATERRESTRES GIGANTES”

Era una calurosa noche de verano de 1976 –Gáldar, Gran Canaria- cuando el doctor Julio Fransisco Padrón acudía presuroso con Dámaso Mendoza a la casa éste, para atender a su madre que había empeorado. Eran las diez de la noche y el taxi en el que viajaban llevaba puestas las luces largas porque transitaban por un camino repleto de serpenteantes curvas. Muy pronto, empezaron a sentir una extraña presencia acompañándolos en la ruta y que atisbaron al llegar a punto de la carrera: ante ellos se elevaba una esfera de unos 15 metros de diámetro, a través de la que se podía ver al mismísimo universo poblado de estrellas.

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Los tres hombres, estupefactos, asistieron al asombroso espectáculo que se desarrolló ante sus ojos: dentro de la esfera empezaron a ocurrir una serie de cambios de luz hasta aparecer lo que se asemejaba al interior de una nave espacial con dos seres extaterrestres -de más de dos metros de altura que tenían una extraña fisonomía al no tener dedos sino una especie de mano en forma de pico y por cara una escafandra- que parecían maniobrar la supuesta nave.

Aterrados, lo único que podían hacer era esperar a que esos dos humanoides decidieran marcharse, cosa que ocurrió tras quince intensos minutos. Finalmente, la esfera creció y creció hasta alcanzar una altura de diecisiete pisos, levantó el vuelo y desapareció entre la bruma de la noche. El conductor arrancó el vehículo y, sin salir de su asombro, acudieron a la casa de Dámaso. Éste sólo sería el inicio de una misteriosa historia.

Todos los medios locales se hicieron eco de la noticia hasta llegar a oídos del Ejército Español. A los pocos días del suceso, Julio recibió una inesperada visita: un teniente coronel del Ejército del Aire que le interrogó y solicitó un dibujo de lo que había visto. El doctor, sin ningún reparo, lo hizo. Asimismo, acudió a declarar ante un tribunal militar, donde coincidió con dos pilotos del ejército que le incitaron a que dudara en decir la verdad porque ellos también habían visto la esfera y temían que todo fuera encubierto.

El caso formó parte de los expedientes sin resolver del Ejército Español que fueron desclasificados en 1993. Uno de los testigos clave fue el que en su momento era la máxima autoridad, Carlos Dolz Espejo, Teniente General del Ejército del aire, que hace quince años se animó a contar lo que él vio: una esfera sobre el mar y que para él, sin lugar a dudas, era un objeto volador que no pertenecía a la Tierra.

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Treinta años después el misterio sigue sin resolver y son muchos los que afirman rotundamente lo que vieron aquella noche y que fueron obligados a guardar silencio. Un fenómeno que se estudió profusamente por parte del ejército y del cual se escribieron muchos expedientes. Asimismo, tras la desclasificación se descubrió que no sólo había sido la esfera de Julio la que se había visto, también hubo esa noche diferentes avistamientos en Gran Canaria que se explicaron como ejercicios balísticos -cosa que parece no encajar con la historia, ya que esa noche se realizaron en Cabo Verde y era imposible de verlos en Gran Canaria-.

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