El Misterio Que Nadie Conoce de La Tumba de Cleopatra

Los arqueólogos intentan resolver uno de los grandes enigmas de la arqueología: la localización del sepulcro de la última reina del Egipto faraónico. Los indicios sugieren que ésta podría hallarse bajo las aguas del antiguo puerto de Alejandría, o bien oculta en las arenas del desierto, junto al templo de Taposiris Magna. Busca las huellas de Cleopatra a través de las imágenes de Kenneth Garrett y Christoph Gerigk.

En todas partes, sin duda: máquinas tragaperras, juegos de mesa, bailarinas exóticas y hasta un proyecto para detectar el nivel de contaminación del Mediterráneo inmortalizan su nombre; sus «rituales de baño y estilo de vida sibarita» inspiran la publicidad de un perfume, y un asteroide de nombre 216 Kleopatra orbita el Sol. La mujer que gobernó como último faraón de Egipto, y de quien se dice experimentó pociones letales en esclavos, envenena hoy a sus súbditos con la marca de tabaco más popular de Oriente Medio. El crítico Harold Bloom lo expresó con una frase memorable: «Cleopatra fue la primera celebridad del mundo». Si la historia es un escenario, nunca ha habido una actriz más versátil.

La ubicación de la tumba de Cleopatra es un misterio desde que se viese a la reina egipcia por última vez en su mausoleo, protagonizando la legendaria escena de su muerte, ataviada con las galas reales y la diadema y tumbada en lo que Plutarco describe como un lecho de oro. Tras el asesinato de César, el heredero de éste, Octavio, se disputó con Marco Antonio el control del Im­­perio romano durante más de una década; tras la derrota en Actium de Marco Antonio y Cleopatra, las fuerzas de Octavio entraron en Alejandría en verano del año 30 a.C. Cleopatra se atrincheró tras las gigantescas puertas de su mausoleo, entre acopios de oro, plata, perlas, obras de arte y otros tesoros que juró incendiar antes que dejar en manos romanas.

A ese mausoleo fue trasladado el primero de agosto Marco Antonio, agonizante tras clavarse su propia espada, para que pudiese morir en brazos de Cleopatra. Y tal vez fue en el mausoleo donde, unos diez días después de morir Antonio, la propia Cleopatra escapó a la humillación de verse derrotada y prisionera al suicidarse a los 39 años, supuestamente con el veneno de un áspid. El historiador romano Dion Casio dejó escrito que Cleopatra fue embalsamada al igual que Marco Antonio, y Plutarco apunta que, por orden de Octavio, la última reina de Egipto recibió sepultura junto a su consorte, el romano derrotado. Dieciséis siglos después Shakespeare proclamaba: «No habrá en la tierra un sepulcro que guarde a una pareja tan célebre.

Y sin embargo ignoramos la ubicación de ese sepulcro. La atracción que Cleopatra ha ejercido sobre los artistas es inversamente proporcional a las exiguas aportaciones de la arqueología. Alejandría y sus inmediaciones han gozado de menos atención que otros enclaves más antiguos del curso del Nilo, tales como las pirámides de Gizeh o los monumentos de Luxor. Y no es de extrañar: terremotos, maremotos, un nivel del mar en ascenso, subsidencia del terreno, conflictos civiles y la reutilización de la piedra procedente de los antiguos edificios han aniquilado el que durante tres siglos fuera el hogar de Cleopatra y de sus antepasados. Casi la totalidad de la gloriosa Alejandría de entonces yace hoy bajo el mar, a unos seis metros de profundidad.

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