LAS CARAS DE BÉLMEZ

Unos rostros de origen desconocido aparecieron hace casi treinta años en el suelo de la cocina de un pequeño pueblo en Jaén. Durante este tiempo centenares de miles de personas pasaron ante su mirada de piedra. Entre ellos, científicos, militares, filósofos, periodistas, ocultistas y toda una sociedad estremecida que intentó dar una explicación al suceso. Como esta no llegaba por ningún medio, el gobierno y la iglesia diseñaron una operación de acoso y derribo para aniquilar el mayor misterio de la parapsicología mundial.

Bélmez de La Moraleda (Jaén), 23 de Agosto de 1971

María Gómez Cámara apartó la sartén del negro fogón en un acto instintivo. Poco imaginaba esta humilde mujer de 52 años que ahí mismo, en la vieja superficie donde guisaba diariamente, se acababa de gestar el inicio del fenómeno mas complejo y apasionante de la parapsicología mundial.

En aquellos primeros momentos pensó incluso en que algún vecino malintencionado, o incluso sus propios hijos, aprovechando las fiestas patronales, le habían gastado una pesada broma dibujando un rostro tétrico y que miraba de frente en la alargada lasca del suelo de la cocina. En el exterior ya anochecía cuando sintió el miedo irreprimible que le producía aquella mirada siniestra que le observaba fijamente. María entonces salió al exterior de su casa y reunió a voz en grito a un nutrido grupo de personas con el fin de contarle lo ocurrido. Así, pocos minutos después, hombres y mujeres penetraban por el pasillo del numero cinco de la calle Rodríguez Acosta para comprobar, con una mezcla de sorpresa y horror como en el fogón había aparecido una cara.

Nuevos Rostros

La Pava aguantó lejías y alcoholes que la dueña y algunas vecinas le restregaron con el fin de borrarlas, pero todo fue inútil. El ayuntamiento decidió picarla y fue Miguel Pereira, hijo de la pareja, quien cansado ante tanta curiosidad la emprendió a golpe de pico contra la forastera. En pocos minutos una nueva lechada de cemento cubrió el pequeño hueco, y como si fuera un mal sueño, los habitantes de la casa y toda la vecindad recuperaron la ansiada tranquilidad, tranquilidad que solo duró siete días hasta que un nuevo rostro, prácticamente idéntico al primero apareció de nuevo en el fogón.

El albañil Sebastián Fuentes fue el encargado de recortar este segundo rostro, para depositarlo en una hornacina cubierta por una lámina de cristal. Los primeros análisis descartaron que la cara hubiese sido pintada, y la teoría de que aquello era una señal humana o demoniaca cobro adeptos en el pueblo. La historia era solamente conocida en el pueblo hasta que el 15 de septiembre un redactor del diario Jaén desplazado para cubrir un conflicto entre cooperativas aceiteras se encontró con la exclusiva de su vida. Tras llegar al domicilio y fotografiar al rostro, realizó una crónica donde se informaba por primera vez del insólito suceso. A partir de ese instante el suceso se convertiría en unos meses en una noticia de primera magnitud en todo el país. Detrás del Diario Jaén llego el Ideal de Granada y luego el Diario Pueblo, el mas vendido de los años setenta, llevando tres enviados especiales al pueblo para realizar sus crónicas.

Un fenómeno social

Casi al tiempo de la llegada de 2 reporteros madrileños, un nuevo rostro de facciones diametralmente opuestas a la Pava hizo acto de presencia en el suelo de la habitación-cocina. Era la imagen de un niño, o incluso de un feto, que miraba fijamente hacia el otro lado de su realidad. Este descubrimiento hizo correr ríos de tinta, al mismo tiempo que encrespó el ´nimo de algunos que, como la Iglesia, que ya despuntaban en contra del fenómeno.

De trazos finos, casi aprovechando las propias marcas del cemento enlucido del suelo, la expresiva mirada de la efigie a la que bautizaron como “la pelona” por su calvicie, se convirtió en el centro de atención de los cada vez más visitantes de la casa. Animados por los artículos de los diferentes periódicos, miles de visitantes llegaron a colapsar la localidad serrana con automóviles y autobuses, produciendo escenas realmente esperpénticas y del todo desconocidas para los vecinos del apacible pueblo.

Los bares y comercios abrían hasta en festivo y siempre agotaban su existencia. Con un censo de 2.323 habitantes en aquel 1972, Bélmez comenzó a recibir cinco mil visitantes diarios, por lo que el ayuntamiento se las vió y se las deseó para controlar los diversos incidentes que se producían en las calles del pueblo, incluso otras localidades vecinas fletaban autobuses para visitar la casa.

Santones, videntes, valientes, temerosos, curas y los primeros científicos se apiñaban en torno a las imágenes misteriosas. Imágenes a las que se habían unido otras 2 muy semejantes a “la pelona” y que eran motivo de sobresalto por parte de los visitantes.

A mediados de Enero, varios miembros de la brigada de la investigación criminal, dependientes de la dirección general de seguridad de Madrid, llegaron a la casa con el fin de investigar de un modo oficial el asunto. Lo que nadie sabia es que casi durante un mes unas cámaras especiales de cine y fotografía habían sido colocadas en el edificio contiguo a la casa para observar todos los movimientos de posibles sospechosos, pero este espionaje no dió ningún resultado.

Las caras hablan

Fue el Gobernador Civil de Jaén Jo Ruiz de Gordoa quien decidió consultar con su amigo Germán de Argumosa y Valdés, pionero en indagar los misterios de aquella prometedora ciencia llamada Parapsicología. Argumosa confeccionó un dispositivo de magnetófonos para captar parafonias o también conocidas como psicofonías, logrando el 13 de Febrero captar extrañas y siniestras voces, repitiendo la grabación durante varios días y noches bajo la vigilancia de la guardia civil.

Una historia sobrecogedora:

La casa de las caras tenía una historia oculta que nadie había querido o sabido desenterrar. El 18 de febrero del 72 el albañil Sebastián Fuentes comenzó las obras de excavación en la zona donde mas caras habían aparecido, hallando diversos restos óseos, que resultaron ser parte del esqueleto de adolescentes de hacia unos 170 años. Se sacaron cientos de huesos, multiplicando la creencia de que los cuatro dígitos aparecidos bajo la figura del “pelao” eran una fecha en la que se produjo un acontecimiento que explicase las apariciones.

Rápidamente los historiadores, para quitar hierro al feo asunto mostró las actas del ayuntamiento en las que se verificaba que en el lugar estuvo emplazada la iglesia de Beles, el cementerio, y retrocediendo años atrás una mezquita funeraria de los árabes, confirmando la presencia de restos óseos como algo normal.

Tras una ardua investigación se ha sabido que en 1858 vivían en la casa los abuelos maternos de Juan Pereira, Ramón Sánchez y su esposa María Antonia Martínez. Fue su hija Ramona de 9 años, la primera que percibió unos terribles quejidos que se escuchaban en el techo. Lamentos que iban acompañados de pisadas cansinas que realizaban siempre un mismo itinerario. Lo que en principio parecía una chiquillada fue motivo de preocupación cuando varios vecinos observaron una fantasmal figura que parecía un muerto en la entrada de la casa. Al mismo tiempo los enseres y cacharros de la casa saltaban y bailaban como por arte de magia. El suceso fue conocido por todo el pueblo y dio a la casa fama de encantada durante algunos años, fama que aumento al morir en una reyerta 2 comerciantes en la misma puerta de entrada tras coserse a cuchilladas.

El patriarca de la familia, Ramón Sánchez, falleció en aquella habitación, la mas baja y próxima al exterior diciendo al expirar: “esto tie que ser un alma de otro mundo”. Una historia sobre cogedora, si añadimos que en 1978 y por su expreso deseo Juan Pereira fue descendido, momentos antes de fallecer a la habitación cocina que ya tenia mas de una docena de rostros entre los cuales murió el dueño de la casa.

Se acabó el misterio

Nuevas caras eran descubiertas por los periodistas, mientras otras se formaban casi instantáneamente para volver a desaparecer en minutos. Estos descubrimientos debieron colmar la paciencia de iglesia y gobierno. Nadie sabe que ocurrió con certeza pero el 25 de febrero del 72 el diario Pueblo salía con el siguiente titular: “se acabo el misterio”. Según aquella crónica una comisión dirigida por Jo Luis Jordán, junto al equipo de Pueblo investiga y el químico ángel Viñas había dado con la solución al misterio. Tras esta conclusión y sin cuestionarse el rigor de los análisis efectuados, el resto de medios de comunicación dejaron de informar sobre el asunto Bélmez, parecía que hubiese una mano negra en todo aquel asunto.

España entera se río de “Los caras de Bélmez” (portada del Semanario Codorniz), y el propio alcalde y el ayuntamiento en pleno fueron procesados.

La operación Tridente:

FASE 1: Reacción eclesiástica.

El número 5 de la calle Rodríguez Acosta se había convertido en un segundo santuario, hasta su portal peregrinaban diariamente miles de personas buscando un milagro, un milagro pagano que irritó desde el primer momento a la iglesia de Bélmez Fue el párroco Antonio Molina el primero en lanzar arengas contra la autenticidad del fenómeno. En los primeros días del años 72 hizo todo lo posible por demostrar que aquello no era mas que un ingenuo fraude provocado por varias vecinas. Lo que nos se había sabido hasta ahora es que el sacerdote cumplía ordenes de su superior el obispo de Jaén. Con el paso del tiempo y al verse duramente presionado por las cúpulas eclesiásticas acabo abandonando el pueblo y colgando los hábitos años después.

FASE 1: Comisiones fantasma.

El 19 de Febrero apareció José Luis Jordán Peña a la cabeza de un supuesta comisión compuesta por especialistas en construcción, pintura, química, fotografía, etc., enviada por el ministerio de gobernación. Su objetivo era descubrir el fraude y sus autores.

La primera autoridad con la que entró en contacto fue el párroco Antonio Molina quien le afirmo que María le había desvelado que todo era fruto de una supuesta broma entre vecinas y le aseguro que las psicofonias se produjeron gracias a la utilización de un complicado dispositivo electrónico situado en el interior de un vehículo situado a 3 kilómetros de la casa. El subsiguiente paso fue analizar la segunda aparición aparecida en la cocina llegando a la conclusión de que estaba modelada por un pincel de gruesa cerdas con hollín y vinagre. El descubrimiento del fraude dejó escrito en diferentes documentos la existencia de tan importante comisión, la cual nunca existió, confirmación hecha por los supuestos miembros de la misma años después. En las actas de la asociación Eridanic quedaba reflejado que tan solo fue una excursión muy interesante y en todo caso los participantes tuvieron la oportunidad de conocerse entre si, curiosa forma de calificar a una supuesta representación ministerial.

Gracias a las pesquisas del abogado Manuel Gómez Ruiz se ha sabido que jamás se pudieron efectuar análisis directos sobre el rostro en cuestión, ya que este fue situado tras el cristal y empotrado en la pared mucho antes de que Jordán y su comisión fantasma llegaran hasta allí. El recubrimiento de la faz nunca se movió de allí y nadie pudo manipular la superficie de la imagen, por lo que aquel “meticuloso análisis” no lo fue tanto. Por último el alcalde Ribas, aseguró que de haber existido tal comisión avalada por el gobierno, el primer paso hubiera sido presentarle a el sus credenciales, cosa que no se hizo.

FASE 3: Intervención gubernamental.

En aquel 1972 Pablo Nuñez Moto, jefe provincia de la administración local de Segovia, fue el primero en amenazar a los presuntos encubridores del “truco”, enviando una carta al alcalde Manuel Rodríguez Rivas. En el mes de agosto, un imponente coche negro entraba en la plaza del pueblo, montando en el alcalde del pueblo y fue llevado ante el ministro Tomas Garicano Goñi indicando que el caso había que cortarlo a lo que el alcalde respondió que el no podía cortar las carreteras de acceso al pueblo, y que pusiera a la guardia civil para que no dejara pasar a nadie, a lo que el ministro respondió: “te vas a enterar Rivas, te enterarás”.

A estas amenazas del ministro, se unían las llamadas de otro máximo dignatario de la iglesia de Jaén el obispo Antonio Peinado Peinado (llamado el “repeinado”).

Las pruebas definitivas

Durante los 20 años posteriores a la operación tridente todo el país pensó que una familia de analfabetos se había reído de ellos utilizando sofisticados trucos que de paso, pusieron en evidencia los métodos de algunos caza fantasmas y demás hierbas. La espesa cortina de humo impuesto por el poder tuvo un resultado inmediato. Los medios, servilistas unos y obligados otros, cumplieron su cometido a la perfección, y a los pocos meses nadie se acordaba ya de Bélmez. A pesar de que todos le habían dado la espalda, las teleplastias continuaron surgiendo por toda la casa, pero no fue hasta la decada de los 90 cuando realmente se volvió a investigar sobre las caras.

En el año 1995 el CESIC informaba que en las muestras recogidas en las caras de Bélmez no había rastros ni de pintura ni de la lista de elementos que en su día se dijeron que las causaban.

UN Notario valiente

El notario Don Antonio Palacios Luque fue avisado en 1972 por el alcalde de la localidad por requerimiento del profesor Argumosa para precintar la cocina, y así lo hizo con todas las garantías de seguridad, haciendo además un acta paralela a cargo de otro notario y dos letrados mas. Transcurridos 3 meses y una vez des clausurado el recinto las figuras habían sufrido variaciones donde un rostro en particular cambio la posición de la cabeza 180 grados y el notario dió fe de lo ocurrido. Las actas del precintado la formaban 32 documentos.

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