Aterrador Una Mujer se Devora a su Hijo

Corría el año de 1965, en una ranchería cercana a Ixtlahuaca en el Estado de México, la cual ni nombre tenía de tan oculta y desconocida, apenas algunas casas de adobe se comenzaban a levantar, no había luz eléctrica ni agua potable, un camino de terracería que prácticamente desaparecía con la oscuridad de la noche, nadie se atrevía a entrar a esos parajes en cuanto anochecía, ya que era muy fácil perderse tomando veredas equivocadas que conducían hacia las milpas.

Rosario y Benjamín llegaron a vivir ahí recién se casaron, les habían dejado algunas parcelas para cosechar y podían comenzar a cultivarlas y poder hacerse de sus cosas. Rosario, una mujer jóven de apenas 17 años, era callada, tal vez eso era lo que le había enamorado a Benjamín, esa recatada mirada, llena de melancolía hacía que latiera el corazón del también joven muchacho.

Rosario tuvo a un pequeño niño al cual llamó “Vicente”, pero al contrario de lo que esperaban, no lloró, el bebé abrió inmediato sus grandes ojos parecidos a los de la madre, y no emitió ningún sonido, aún así, fue la alegría de ambos y el orgullo de él por ser varón.
Pronto las pocas vecinas que tenían, fueron a conocer al pequeño Vicente, todas admiradas de que fuera tan calladito.

 

Una mañana, Rosario despertó a Benjamín enmedio de gritos, Vicente, el pequeño Vicente ya no estaba en su montón de cobijas que le servían de cama, Benjamín enloqueció, abrió la puerta que atrancaban por dentro de la casa, no se explicaba cómo pudieron haber entrado. Las ventanas de madera estaban perfectamente cerradas y sin signos de haber sido abiertas.

Aún con el dolor de la pérdida de Vicente, pero con la alegría de un nuevo comienzo, una tarde le Benjamín salió a comprar algunas cosas y dejó encerrada a Rosario para que nadie pudiera hacerle daño en su ausencia.

Benjamín regresa a su casa, atareado por la caída de la noche, apenas y alcanzaba a ver el camino de terracería, si no fuera porque se lo sabía de memoria, se hubiera perdido. Toca la puerta para que Rosario le abra, no encuentra respuesta, se empieza a impacientar, toca más fuerte, nadie responde. Corre a buscar ayuda a la casa más cercana ubicada a medio kilómetro de la suya. Regresa con Felipe y su hijo Santiago, ambos logran derribar la puerta que se encontraba atrancada por dentro. No hay nadie, la casa apenas iluminada por una vela, ni rastros de Rosario.

Benjamín decide ir solo al panteón del pueblo, estando ahí comienza a escuchar sonidos, sonidos húmedos, sonidos de gruñidos mezclados con goteo. Se acerca curioso hasta la parte de dónde venían esos sonidos, la luz de la luna era clara, radiante, y bajo de ella, se asomaba la figura de una mujer sentada, desnuda, con las piernas abiertas, ¡Era Rosario! El espectáculo no podía ser más aterrador, ¡Rosario! Le gritó Benjamín, ¿qué haz hecho mujer?, no podía con su asombro y con su horror, Rosario había parido, y con hambre descomunal, devoraba poco a poco a su bebé. Benjamín sin poder más con aquella escena, sufre un desmayo, convulsiona, convulsiona y nadie lo escucha para ayudarlo. Rosario, con la vista fija hacia el cuerpo de Benjamín, sonríe levemente y piensa para sí misma, más comida…

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