El Sorprendente Origen de Este Animal

 En 1890, el explorador galés H Morton Stanley, más conocido por apropiarse de buena parte del Congo por encargo del infame Leopoldo II de Bélgica, dejó por escrito en su diario lo extraño que le resultaba que los nativos de la parte norte del país no mostraran el menor asombro por los caballos de su expedición, que causaban verdadero estupor en otras regiones del Congo. Los nativos de la tribu Wambutti le dijeron que en sus selvas habitaba un animal similar, pero de menos tamaño, que conocían como o’api.

El relato pasó desapercibido para la mayoría de la gente, pero el botánico británico  Hamilton J , que ya había viajado a África con el propio Stanley, se sintió atraído por la historia y fue en busca de lo que consideraba, acertadamente, un animal que había sido olvidado por la ciencia. Tras varias expediciones Johnston logró hacerse con dos pieles del animal, aunque no logró verlo en ningún momento. En 1900 las llevó a la Zoological Sociey de Londres que las identificó como propias de una especie de la que no se tenía constancia. El hallazgo provocó un auge de las expediciones en busca del animal, una extraña mezcla entre cebra y jirafa, y se lograron capturar decenas de ejemplares, que acabaron en zoos de todo el mundo.

Aunque se conservan cientos de ejemplares en los zoológicos, el okapi sigue siendo una especie difícil de observar en libertad. Se estima que su población mundial es de entre 10.000 y 20.000 ejemplares.

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